Se que prometí un "continuará" a la historia del ridículo amor que viví en el dentista, pero bueno, he de decir que he superado satisfactoriamente ese patético momento y que la mala racha ya pasó...
Se que prometí un "continuará" a la historia del ridículo amor que viví en el dentista, pero bueno, he de decir que he superado satisfactoriamente ese patético momento y que la mala racha ya pasó...

Pues bien la historia comienza así:
En estos últimos días sufrí de un dolor de muela espantoso, tan terrible, que tuve que salir antes del trabajo para llegar a la sala de urgencias con la dentista. El diagnóstico:una fractura en la cavidad molar que requería de una microcirigía para abrir la encía.
Inmediatamente al escuchar semejante noticia, y al no poder con el dolor, acepté que en ese preciso momento se realizara el procedimiento correspondiente, capaz de extraer desde la raiz la causa de mis males, del dolor más recóndito que había sentido y que aturdía severamente, insoportablemente, mi estado físico y mental. Debo confesar que dicho procedimiento me arrancó la segunda tanda de lágrimas, porque, lo confieso, durante la revisión tuve que ser anestesiada. Digamos que al ver la aguja con la que se dormiría la zona lesionada solté una o dos lágrimas que inquietaron a la dentista, que me dijo lo siguiente:
- Todavía no te he inyectado y ya estás llorando. Porqué lloras ¿ de verdad te duele tanto o sólo eres muy cobarde?
En ese momento me di cuenta de la preparación con la que contaba la Dr. Azate, de lo profesional que era. No se trataba de una simple dentista con especialidad en ortodoncia y en odontología cosmética. Se trataba de una verdadera psicoanalista capacitada para lanzar las preguntas más profundas, paradógicamente, mientras revisaba la cavidades más profundas la boca .... era, sin duda, una señal para mi caótica y confundida vida amorosa.
(Qué tiene que ver todo esto con las ridiculeces de amor, no se desespere lector, en un momento más entenderá la relación.)
Pues bien, durante el proceso tuve que ser anestesiada varias veces porque la sustancia era insuficiente para acallar semejante dolor. Las dudas de mi cobardía azotaban mi cabeza mientras la Dra. retenía mi boca y la movía de un lado al otro sin compasión alguna, mientras sacaba instrumentos dignos de la imaginación de la escritora Mary Shelly para darle vida a Frankenstein, mientras mis manos apretaban las coderas de la silla maldita hasta rasgarla.....


Queridos lectores, una reflexión: ¿Que todo lo que me ha pasado en la vida no ha sido lo suficientemente bizarro, ridículo y vergonzoso, como para que me pasen cosas como la siguiente? la respuesta del más allá seguramente es: "no, nunca será suficiente Beatriz... estás condenada a ser motivo de la burla colectiva." 




He decidido volver a hacer ejercicio. Todo empezó el miércoles pasado que no podía nadar por situaciones adversas y bueno, me metí al gimnasio. Antes de eso me encontré en el patio a Juanito. El señor tiene 80 años y lleva todas las cirujías que se les ocurran, es líder de los ciclistas, juega frontenis, bucea y nada diario. De vez en cuando se aparece por el gym, pero ese no es el asunto, el asunto es que ese hombre tiene mil veces más condición física que yo. En fin, la vergÜenza que emana de la aseveración anterior ha hecho a Juanito mi motivación .