"Únicamente mis manos los harían ingresar en la lengua portuguesa que, como le expliqué a Álvaro, es un feudo fuerte lírico al mismo tiempo, un barco que hasta hoy cruza generoso el Atlántico, ora consolando a Portugal, ora perturbando a Brasil. Y porque esta lengua tiene vocación marítima, entiende bien los improperios del viento y, más que cualquier otra, deja que la arrastren las emociones.
[...] y porque se enorgullece de lo que es humano, esta lengua portuguesa, de rostro y sexo ardientes, es capaz de saber, sólo por el pitido del tren, si el miércoles es el día en que la usan los amantes cuando quieren perderse para siempre. Y como está en todas partes, es privilegio suyo probar la saliva de cualquier beso, sentir la densidad de la sal, pues cuanto más salado es el beso, más facilmente encontrará salida por los poros, con los ojos desorbitados, las desesperadas palabras de su patrimonio
A estas horas, como a propósito , la lengua estimula los lamentos africanos que se le incorporaran en los últimos quinientos años brasileños. Con ellos ganó fuerza y fervor. Se hizo lengua morena. Tal vez por eso se conmueva con tanta facilidad y se solidarice mucho más con el cuerpo en pedazos que con quien sale altiva en el emate amoroso. La lengua portuguesa se ha vuelto plañidera de índole excesiva, y desea que se usen veinte de sus vocablos, cuando sólo tres, acaso, expresen parte de sus sentimientos.
De ahí que esa lengua necesite que sus amantes se excedan, que imaginen el corazón incapaz de un nuevo afecto [...] Quiere incluso que se use para los sentimientos menos nobles. No le hables jamás de economía, ni se os ocurra inculcarle sobriedad, pues sería como atarla con cuerdas a las camas secas de un cuarto de hotel con luz neón para que no se escuchen sus lamentos.
Esta lengua portuguesa, Álvaro, quiere hacerse oir para siempre. De cada palabra exige usos y goces nuevos sin importarle la parte del cuerpo a la que renunciemos para preservarla [...] Gracias también a mis manos, Álvaro, entrarán definitivamente en una lengua que, al registrar la vida, acaba liquidando la inocencia para siempre[...]"
Por todo esto no puedo más que referirlos a la gran Nélida. La que con cada palabra toca, conmueve y transforma el corazón. La que nos aleja de ese mito (músculo o cerebro) y por el contrario nos muestra su ubicación por medio del dolor y la nostalgia. A través de la empatía de aquellos que no pueden usar su lengua para expresar el mundo.
Nélida es una de las escritoras que han marcado mi vida y en este blog, como homenaje, comparto con ustedes algunos de sus versos. La literatura es nuestra más fiel compañera. Exorcisa demonios y virtudes, nos llena y nos vacía. Es el único tormento, además del amor, más recomendable para vivir la vida intensamente.