miércoles, 20 de agosto de 2014

Madagascar

¿Recuerdas la vez que me dijiste el sabor
del baobab te recordaba al perfume?
Que bebiera lentamente de su jugo y sintiera su sabor posterior.
No conocía entonces a nadie que dictara cátedras sobre meteoritos;
y para ser honesta nunca pensé que
el espacio tuviera algo más que polvo.
Suena melancólico, lo sé,
pero en toda la quietud reside un poder de destrucción.
Pasamos horas sentados mirando nuestros rostros,
con el rigor de quienes hacen ciencia.
Después abriste el periódico y te lamentaste
por la muerte de los tiburones porque impacta diez veces más
al ecosistema que la de los mamíferos marinos.
Te escuché atenta pensando secretamente si debía sentir tristeza,
y bebí del árbol,
saboreando el perfume como un capricho del hallazgo.