jueves, 12 de marzo de 2009

El libro de los amores ridículos


Hace algunas semanas amenicé mi vida con los amores ridículos narrados por Milan Kundera. Me atrevería a decir que el título es un vil pleonasmo, o les pregunto a ustedes ¿qué clase de amor no es ridículo?
No es mi intención competir con tan grandioso autor, sin embargo, me veo en la necesidad de compartir mis últimas ridiculeces de amor, dignas de un capítulo de este libro en su 45a reimpresión...

Pues bien la historia comienza así:

En estos últimos días sufrí de un dolor de muela espantoso, tan terrible, que tuve que salir antes del trabajo para llegar a la sala de urgencias con la dentista. El diagnóstico:una fractura en la cavidad molar que requería de una microcirigía para abrir la encía.

Inmediatamente al escuchar semejante noticia, y al no poder con el dolor, acepté que en ese preciso momento se realizara el procedimiento correspondiente, capaz de extraer desde la raiz la causa de mis males, del dolor más recóndito que había sentido y que aturdía severamente, insoportablemente, mi estado físico y mental. Debo confesar que dicho procedimiento me arrancó la segunda tanda de lágrimas, porque, lo confieso, durante la revisión tuve que ser anestesiada. Digamos que al ver la aguja con la que se dormiría la zona lesionada solté una o dos lágrimas que inquietaron a la dentista, que me dijo lo siguiente:

- Todavía no te he inyectado y ya estás llorando. Porqué lloras ¿ de verdad te duele tanto o sólo eres muy cobarde?

En ese momento me di cuenta de la preparación con la que contaba la Dr. Azate, de lo profesional que era. No se trataba de una simple dentista con especialidad en ortodoncia y en odontología cosmética. Se trataba de una verdadera psicoanalista capacitada para lanzar las preguntas más profundas, paradógicamente, mientras revisaba la cavidades más profundas la boca .... era, sin duda, una señal para mi caótica y confundida vida amorosa.

(Qué tiene que ver todo esto con las ridiculeces de amor, no se desespere lector, en un momento más entenderá la relación.)

Pues bien, durante el proceso tuve que ser anestesiada varias veces porque la sustancia era insuficiente para acallar semejante dolor. Las dudas de mi cobardía azotaban mi cabeza mientras la Dra. retenía mi boca y la movía de un lado al otro sin compasión alguna, mientras sacaba instrumentos dignos de la imaginación de la escritora Mary Shelly para darle vida a Frankenstein, mientras mis manos apretaban las coderas de la silla maldita hasta rasgarla.....

Todo me daba vueltas, empecé a sentir nauces, empecé a rezarle a un viejo amigo, pedirle que todo esto acabara; y puedo decir, sin temor a equivocarme que en el climax de la situación vi cómo mi vida pasaba frente a mis ojos en un segundo, lo recordé todo y además de sentir dolor en el rostro lo sentí en el corazón. Todo estaba muy claro, estaba enamorada....
Me tomó algunos meses, mucho dolor y un cuentononón llegar a la conclusión. Estaba enamorada y sólo había dos caminos: hacer algo al respecto o quedarme con aquella información por los siglos de los siglos....

CONTINUARÁ

viernes, 6 de marzo de 2009

Muy mal...

Ahora bien, hay ocasiones en las que a la pregunta ¿Cómo estás? a personas como yo les gusta responder con la siguiente frase: "muy mal"

Pues bien, también voy a romper con es mito.

No estoy muy mal porque conseguí una plaza en la Cancillería en tiempos de crisis;
No estoy muy mal porque concursé contra muchas personas y gané limpiamente mi lugar;
No estoy muy mal porque en las últimas borracheras no me ha dado cruda;
No estoy muy mal porque tengo excelentes, originales y peculiares amigos;
No estoy muy mal porque tengo muchos planes (momento, puede que esté algo mal porque no he avanzado en la tesis, o porque esté enojadísima porque no me han contestado un correo, o porque no he superado aquel viejo amor, o porque me encuentre en un estado de confusión, pero.... la verdad es que)
No estoy muy mal porque, a pesar de todo, soy una fregona.

Muy bien.....

Así es como usualmente respondemos a la pregunta ¿Cómo estás? Pues bien, muy bien, voy a romper con ese mito.

Yo no estoy bien porque llevo días sin dormir placenteramente;
No estoy bien porque en el trabajo cada día me pasan más y más cosas para conocimiento;
No estoy bien por los excesos del alcohol;
No estoy bien porque no he tenido tiempo para dedicármelo un rato;
No estoy bien porque compré un cd pirata con la antología de la Trevi que no sirve;
No estoy bien porque no me han pagado;
Y finalmente no estoy muy bien porque es demasiado pretencioso estarlo.