Algo hacen las gotas que apresuran nuestros pasos.
Adentro la gente se refugia de la lluvia
pero dónde refugiarse del adentro.
Un lamentable olor a comida me invita a una conspiración.
Una taza de café,
el Doctor me dijo que me da miedo el éxito.
Es la hora de juntar todos los silencios incómodos del día
y no sé a qué huelen las jacarandas.
Detrás de la ventana hay algo casi imperceptible,
como el dolor de un círculo cuando se desdobla. No queda mucha tierra en la ciudad.
El olor a ladrillo mojado me recuerda que el polvo también es tierra.
Un rumor de cacerolas es silenciado por la lluvia,
pero su voz penetra en la cocina como un río subterráneo.Hay algo que siempre he querido preguntar:
¿en qué momento una casa deja de serlo?
Para describir una mañana diría:
la luz tirada, el olor a huevos fritos
y el vapor que expide la magma durmiente del café.
Hay una maceta en el pasillo de donde brotan piedras.
Una calle profunda,
un callejón de donde crecen calles.
Lo verdaderamente nuestro es lo que no tenemos,
los charcos guardan esa líquida idea
mientras reflejan pedazos de ciudad. Me recuesto a tu lado mientras ves el reporte del clima,
a pesar de la lluvia me pides un vaso de agua.
Luego dirás gracias y algo se desmoronará.
Es difícil pensar en una inundación después de las diez.


