viernes, 14 de septiembre de 2012

Inundación



Algo hacen las gotas que apresuran nuestros pasos.
Adentro la gente se refugia de la lluvia
pero dónde refugiarse del adentro.
Un lamentable olor a comida me invita a una conspiración.

Una taza de café,
el Doctor me dijo que me da miedo el éxito.
Es la hora de juntar todos los silencios incómodos del día
y no sé a qué huelen las jacarandas.

Detrás de la ventana hay algo casi imperceptible,
como el dolor de un círculo cuando se desdobla.
No queda mucha tierra en la ciudad.
El olor a ladrillo mojado me recuerda que el polvo también es tierra.

Un rumor de cacerolas es silenciado por la lluvia,
pero su voz penetra en la cocina como un río subterráneo.
Hay algo que siempre he querido preguntar:
¿en qué momento una casa deja de serlo?

Para describir una mañana diría:
la luz tirada,
el olor a huevos fritos
y el vapor que expide la magma durmiente del café.

Hay una maceta en el pasillo de donde brotan piedras.
Una calle profunda,
un callejón de donde crecen calles.
Lo verdaderamente nuestro es lo que no tenemos,
los charcos guardan esa líquida idea
mientras reflejan pedazos de ciudad.

Me recuesto a tu lado mientras ves el reporte del clima,
a pesar de la lluvia me pides un vaso de agua.
Luego dirás gracias y algo se desmoronará.
Es difícil pensar en una inundación después de las diez.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La Estación Central


Pentru Nicoleta Ilie
Llevo días viajando en trenes adormecidos
frente a senderos de alguna vez o para siempre el norte.
Las máquinas silban para anunciar la huida
y en su marcha comienzan una revolución silenciosa.

La noche cae como una piedra pesada sobre un pasto púrpura.

Los motores emprenden un vuelo impasible
como el de las palomas sigilosas sobre los charcos.

A lo lejos: “un leu por un ramito de flores”,
en un alfabeto que no comprendo.
Un pan, la mano.
Dos niños arrullan el bosque
y la hierba crece en los rieles.

Eso quedó atrás.

Una gitana llena sus zapatos de agua
y en su blusa se alcanzan a ver sus pezones.
Un hombre me dijo que hay que tocarlos como las moras
porque guardan celosos el sabor del campo.

Yo espero,
con la tranquilidad de la derrota.

“Camina conmigo, en la noche anclaremos estrellas
en la profundidad del Danubio”, me dice aquel hombre
pero la noche cae.
Una novia blanquísima baila sobre el último puente
y una lluvia de amapolas cubre su danza.
“Camina conmigo”, insiste
mientras las ancianas esperan con su basma a que llegue el tren.



viernes, 27 de abril de 2012

En Papua Nueva Guinea...

En algún lugar de Oceanía flota una isla.

Cerca de Port Moresty escucho una historia, que a lo lejos, en una de las sierras, una mujer cría cerdos y los amamanta.

La tribu cuida a los cerdos porque les dan proteínas y cuando la madre los rechaza las ancianas los consuelan con la memoria de sus pechos. La gente tiene hambre y  un documental de National Geographic dice que ahí se practica el canibalismo.

En algún lugar de Oceanía flota el llanto de las mujeres cuando asesinan a sus hijos.


martes, 6 de marzo de 2012

Domingo en la plaza

Cómo duelen los días,
cómo dolía entonces cuando caminaba
en la plaza con mi padre.
Todavía huele a santidad desde la Catedral;
ahí sigue el viejo tranvía
y los relojes se incendian en punto de las 12.

Una mujer espera en la banca.
Una mujer espera sentada en la banca.
Una mujer espera desde hace años,
sentada en la banca, una carta de amor.

Las palomas comienzan una guerra por las migajas,
los viejos bailan un son para robarle
espacios a la muerte,
los niños persiguen fantasmas
y pienso que esos podrían ser los nietos
que nunca le daré a mi padre.

El día es un umbral que no puede penetrarse.
El sol, una droga que nos adormece.
Esa mujer esperará a que llegue su carta,
yo dormiré con ganas de borrar estas imágenes
y los nogales nos cubrirán con su sombra antiquísima.

viernes, 27 de enero de 2012

Cărți poștale din Moldova


Așa cum eu nu am știut niciodată nimic de mecanică
nici bunelul meu nu-mi înțelege poezia și pasiunea pentru limba română;
presupun că de aia caut, Moldova, într-un atlas
pentru a stabili unde se edita revista Viața Basarabiei începând cu anul 1932.
“Moldova deveni stat independent în anul 1991
odată cu dezintegrarea Uniunii Republicilor Sovietice Socialiste
și a mai fost parte integrantă din România pe timpul Războiului II Mondial,
când bunica ta muncea la o fabrică de chibrituri
în colonia Obrera“, - îmi zise bunelul pe un ton de istoriograf.
Bunelul meu nu mi-a înțeles niciodată poemele
și nici eu zgomotul motoarelor sale.
Cum era să gândesc la Moldova, dacă mă născusem în Coroneo, Guanajuato?
Ceva se întâmplase în Coroneo dacă se pierduseră toate actele
Registrului Civil. Au zis că pe străbunica mea o chema Crensciana,
însă Anita mea se numea Ana iar sâmbetele după amiază
îmi plăcea să o ascult cum povestea că au reținut-o
pentru port de armă în anii Revoluției.
Bunelul meu stă de două ore adunând și scăzând numere pe un șervețel,
apoi va pleca după pâine și va încălzi apă pentru canarul său.
Satul de unde se trage nu apare nici în google maps.
Acum deschide almanahul la pagina 40
și îl susține cu șervețelul său cernit în stil matematic,
doar spre a-mi spune: “Ce bine scrii despre toate, drăguțo.
E un oraș în apropierea Chișinăului care îmi amintește mult de Coroneo! “


Traducere în română de Andrei Langa. Multumesc mult, Andrei!