En un ir y venir de pájaros que cruzan alambres en el cielo, con la fuerza del vuelo impostergable, déjame construirte un horizonte en mi memoria.
Caminemos por calles y tejados, atrapemos luciérnagas celestes y la libertad encapsulada en un mantel de luces.
Seamos pájaros en un cielo de silencios, idas y vueltas. Guardemos tu recuerdo y el mío en esta ciudad resplandeciente.Y en una voz de ave pequeñita, como el arrullo del calor y el vuelo, y acampar en las nubes y en tus sueños para volver con más alas.
No preguntes, ¿qué pájaro cruza ahora? vayamos con él al siguiente alambre. Y cuando todo se vuelva calmo, cuando el viento azote la ventana, envuélveme con tus palabras y canta.
Recuerdo los dichos de la abuela, no abras la ventana que seguro se nos mete el cielo. Mira cómo esas nubes se estremecen ante la presencia de tus alas.
Pero el cielo de los hombres es pequeño ante tus ojos, y en un ir y venir, nuestra señora peina la nostalgia de la luna.
Las sombras despiden tu cuerpo, y a pesar de los mil vuelos somos ingrávidas. Ahora sólo quedan la ventana y los ojos del pájaro. Y en el azul de esta noche, por algunos prohibido, por otros olvidado, yo aguardo incólume. Ven, asómate: los pasos desde arriba son pequeños continentes.
*** Gracias a todos los que colaboraron para hacer este cadáver exquisito. ¡Me encantó y conmovió el resultado final!

