martes, 29 de marzo de 2011

Oración por María Teresa

Una sola lágrima,
las horas muertas
y la fractura del tiempo
por la traición.

Entramos a la casa del señor nuestro dios.
En medio de tanta fe la gente se sienta,
adoctrina, reza, canta,
pero yo sólo puedo ver a mi padre
resistiéndose minúsculo
como un insecto en una taza de café.
Supongo que está triste
pero supongo muchas cosas ahora,
y en el consuelo de la oración
beso su frente para decirle una mentira.

Le recuerdo mi tropiezo en la mañana
porque la risa oculta
todo nuestro miedo a seguir.
Pero él memoriza los pliegues de su rostro
y en el acto más íntimo
cierra los ojos de su madre
que todavía conserva ese aroma.

La vida insiste en acariciarnos
y el viento se prolonga
en un idioma secreto.
Una sola lágrima por la traición
y el perfume de rosas de la abuela.