martes, 6 de marzo de 2012

Domingo en la plaza

Cómo duelen los días,
cómo dolía entonces cuando caminaba
en la plaza con mi padre.
Todavía huele a santidad desde la Catedral;
ahí sigue el viejo tranvía
y los relojes se incendian en punto de las 12.

Una mujer espera en la banca.
Una mujer espera sentada en la banca.
Una mujer espera desde hace años,
sentada en la banca, una carta de amor.

Las palomas comienzan una guerra por las migajas,
los viejos bailan un son para robarle
espacios a la muerte,
los niños persiguen fantasmas
y pienso que esos podrían ser los nietos
que nunca le daré a mi padre.

El día es un umbral que no puede penetrarse.
El sol, una droga que nos adormece.
Esa mujer esperará a que llegue su carta,
yo dormiré con ganas de borrar estas imágenes
y los nogales nos cubrirán con su sombra antiquísima.