La verdad ya ni se para qué escribo, debería ponerle más atención a mi vida que se ha convertido en una especie de tragicomedia, más trágica que comedia debo precisar. La paranoia no se ha ido, creí haberla drenado pero ahora es más fuerte, es más fuerte que yo.
Le escribo al vacío, a lo que es y no fue, a lo que podría ser, a lo que será. Le escribo a mi ciudad, a lo caótico que es vivir en ella, a lo asfixiante que es convivir con tantas y tantas personas, a la maldita rutina.
Hay tantas cosas que me molestan que no encuentro un motivo, uno sólo que verdaderamente me impulse a terminar las cosas, que me impulse a seguir. Tantas veces seguimos porque eso es lo que se hace, caminar para adelante y dejar atrás lo demás. Debo confesar que yo no puedo, me aferro tanto a los recuerdos que me pesa mucho cargar con todos ellos. Tengo muchas dudas y apesar de mi fuerza no tengo una razón suficientemente válida, o mejor dicho conviencente, que me haga seguir en el camino.
Esta no es ninguna carta suicida, son sólo algunos párrafos deseperanzados, creo que he perdido toda mi fe...
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